Capítulo 9

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Al terminar de hablar, empujó al pelirrojo por el tobogán y, después de mirar hacia el pasillo, en donde comenzaban a escucharse pasos que dudaba fueran de Midoriya, se deslizó por el mismo lugar que el chico anterior.

Solo esperaba que Midoriya esté bien y Aizawa sensei se haya dado cuenta de la situación.

Ya sobre el firme suelo comenzaron a correr hacia los edificios vecinos en en busca del peliverde.

- ¿Qué estabas por decir? -preguntó agitado el pelirrojo.

- ¿Qué?

- Allí arriba, ¿Qué ibas a decir?

Luego de unos segundos recalculando, el albino, pareció recordar ya que cambió su cara de confusión por una que al otro le generó desconfianza. No le gustaba nada aquella sonrisa.

- ¿Y ahora qué demonios tienes? -cuestionó irritado.

- ¿Qué sientes por Izuku?

... Qué.

- ¿Hah?

- Pregunté que ¿Qué sientes por Izuku?- repitió con una sonrisa pintada en los labios.

- ¡Te escuché a la primera!

- ¿Entonces?

- Qué demonios te importa, es asunto mío.-trato de esquivar su mirada para esconder el leve rubor en sus mejillas.

- Tus asuntos son mis asuntos también, ¿Recuerdas? Somos la misma persona.

Touché

- No viene al caso, contesta mi pregunta.

- Cuando respondas la mía.

- ¿Sabes qué? No me importa.

- ¿Seguro?

- Si.

El peliblanco no borró su sonrisa y rascó su barbilla con un dedo tarareando en respuesta.

- Que pena, entonces supongo que está bien de todos modos. Solo espero que Izuku no se enoje con ninguno.

La mención del pecoso llamo la atención del otro.
- ¿Izuku?

- Eso dije.

- ¿Qué tiene que ver Izuku en esto?

- Responde mi pregunta y lo sabrás.

Se quedó en silencio.

- ¿Y bien?- presionó.

Demonios, pensó.

Luego de un suspiro, contestó:
- Está bien.

La expresión complacida del peliblanco logró irritar en sobremanera al otro, pero no dejo que lo afecte demasiado.
- Entonces..

Mirando hacia el suelo, comenzó:
- Creo que estoy...

- ¿Crees?

- ¡O cierras voluntariamente la maldita boca y me dejas terminar o me voy a ver obligado a cerrartela de una patada! ¿Me oíste?- explotó.

El albino tapo su boca con su puño y fingió una tos para ocultar su risa.

- Perdón, continúa.

Tal vez no fue lo mejor esa amenaza. De pronto pensó en el chico y las famosas mariposas hicieron presencia en su estómago. Sintió un agradable calor recorrerle el cuerpo y, antes de medir las palabras que salieron de su boca, aceptó:

- Estoy enamorado de Izuku.

[...]

Al sentir los temblores en el suelo supo de inmediato que algo andaba mal. Inmediatamente el par llegó a su mente, y sin pensarlo dos veces salió de la construcción en donde estaba olvidándose completamente del banderín y fue en busca de los chicos.

¿Mitad y mitad? Esta vez no.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora