Tay
No me temblaban las manos, pero el estómago me ardía como si me hubiese tragado ácido.
Y aun así, lo peor no era lo que Sol acababa de decir. Lo peor era sentirme fuera de lugar en esa sala.
El sillón era incómodo, pero más incómodo era mirar alrededor y darme cuenta de que todo lo que me rodeaba, los libros apilados en la mesa, el televisor apagado frente a mí, las tazas en la repisa junto a una lata de café. Eran momentos que seguramente habían compartido Nick y Sol.
Me los imaginaba a los dos en esa misma habitación: riéndose de una película, discutiendo sobre un libro que sacaron de la biblioteca, recomendándose canciones. Y ahora estaba ahí, sentado como un intruso, escuchando cómo Sol había dejado en el aire una oración.
—Estoy embarazada —dijo, sin anestesia.
El aire se me fue de golpe.
Miré a Nick. Quieto. Ni un parpadeo. Como si no lo sorprendiera.
Yo, en cambio, me sentí como un idiota. El idiota que acababa de escuchar que probablemente había embarazado a una mujer con la que había dormido solo una vez. Una fiesta. Una copa de más o varias. No sé cómo se me ocurrió buscarla, sabía perfectamente quién era ella.
—¿Es en serio esto? —solté, con una risa seca, más de pánico que de humor—. ¿Me están jodiendo?
Sol bajó la vista, pero no retrocedió.
—No tengo motivos para inventarlo.
—¿Y por qué estamos tres personas hablando de esto? ¿No sabes quién podría ser el padre?
Nick seguía en silencio. Eso era peor. De todos los presentes, él era el único que había sido su pareja y no decía nada.
—¡Dios! —me levanté de golpe—. Esto es una locura. ¿En qué momento se volvió real? ¡Nos acostamos una vez! ¡Una maldita vez! —dije, con los ojos llenos de bronca o miedo, no lo sabía.
Sol se cruzó de brazos.
—No te voy a permitir que me hables así.
—¿Así cómo?
—Como si fuera una cualquiera. No me conocés, Tay. No sabés nada de mi vida, ni de lo que pasó. Estoy en todo mi derecho de hacer lo que quiera con mi cuerpo. Nadie te pidió que jugaras a ser padre y juez en el mismo día.
El silencio cayó como humo denso.
Sol giró la cabeza hacia Nick y aunque estaba hablando conmigo me dió la espalda y lanzó una frase que me dio escalofríos.
—No es mi culpa que ambos hayamos besado al mismo hombre.
Nick pestañeó por primera vez. Luego se inclinó hacia adelante y, sin gritar, sin perder el control, murmuró:
—Basta. Los dos. Siéntense.
No fue una orden. Fue una súplica.
Nos sentamos.
—Sol —dijo Nick, con esa voz baja que usaba cuando quería que nadie lo escuchara más que vos—, ¿vas a seguir con el embarazo?
Ella bajó la vista a sus manos.
—No estoy segura. Por eso los llamé a los dos. Porque merecen saberlo. Porque no quiero decidir esto sola. Y porque... si alguno de los dos quiere desaparecer, puede hacerlo ahora.
Yo tragué saliva. Nick siguió con su silencio.
—Nunca me imaginé formando una familia así. Menos con vos —dije, mirando a Sol—. Y muchísimo menos con él —agregué, señalando a Nick, al hombre que no veía hacía tres años. Y al que, por alguna razón, todavía me importaba.
—Tay por favor hablemos tranquilos —dijo Nick
No le pude contestar porque seguía pensando en su pregunta: "¿Vas a seguir con el embarazo?"
Lo había dicho con una calma insoportable. Yo conocía esa calma. Era la misma que uso cuando me alejé de él, no quería que notara su dolor.
Me vino un recuerdo: nosotros dos en su departamento, yo apurado por irme, él preguntando si volvería esa noche.
—¿Vamos a hablar bien de esto? —dijo entonces, con la misma voz tranquila.
Y yo solo asentí.
Ahora esa memoria se mezclaba con el presente, y la náusea me subía hasta la garganta.
Nick habló otra vez.
—No tenés que pasar esto sola, Sol.
Ella lo miró agradecida. Yo bajé la cabeza.
Porque esas palabras me atravesaban como cuchillos. Nick había querido estar para mí en su momento, yo fui el que nunca contestó.
—¿Y si uno de ustedes no quiere? —preguntó Sol, casi en un susurro.
Nick abrió la boca, pero no salió sonido. Ese silencio lo conocía. Era el mismo de cuando me vio abrazar a una mujer en una fiesta y yo fingí que no pasaba nada. El mismo silencio que me gritaba que lo estaba rompiendo en pedazos.
—Sol —dije demasiado rápido—, no podés pretender que esto sea tan fácil.
Ella me sostuvo la mirada.
—¿Fácil? Tay, ¿te parece que algo de esto es fácil?
Nick giró la cara hacia mí. Sus ojos eran un espejo en el que me vi a mí mismo: cobarde, confundido, roto.
Me llevé una mano al rostro. Un hijo. Esa palabra me aplastaba. Un hijo no se borra, no se olvida, no desaparece cuando cerrás la puerta. Un hijo es para siempre.
Y yo apenas podía sostenerme a mí mismo.
Sol habló otra vez, cortando mis pensamientos:
—Si decido tenerlo, no quiero que ninguno de los dos se sienta obligado. Pero tampoco quiero sentir que me dejaron sola.
Nick asintió con seriedad.
—No vamos a dejarte sola.
Yo cerré los ojos. Las imágenes se mezclaban: la risa de Nick cuando me cantaba bajito al oído, el temblor de mis manos aquella noche en que lo empujé lejos, la sonrisa de Sol en esa fiesta, cuando todo parecía un juego.
Y ahora nada era un juego.
Me descubrí odiando al destino. Odiando que en una sola noche todo hubiera girado hacia este lugar. Odiando que Sol estuviera en medio. Odiando que todavía me importara tanto lo que pensara Nick.
Lo miré, esperando encontrar respuestas en su mirada.
—Tay... —murmuró— Esto no se trata de nosotros.
Esa frase me atravesó. Porque, en realidad, todo lo que yo sentía era exactamente sobre nosotros.
Sol lo notó. Y dijo, con firmeza:
—Quizá ustedes también tienen que hablar.
La miré, incrédulo.
—¿Hablar de qué?
Nick me sostuvo la mirada unos segundos pero volvió a hablar con ella.
—Aunque tengas razón Sol, sabes que Tay no quiere hablar conmigo.
Sus palabras solo encendieron más mi frustración pero también sabía perfectamente que tenía razón. Tenía mucho miedo de hablar con él, no sabía bien que decirle. ¿Debía decirle que lo extraño? ¿Debía preguntarle si seguía teniendo sentimientos por Sol? ¿Debía pedirle disculpas? ¿Debía decirle que tenía miedo de que ese bebé sea mío?. Tenía muchas preguntas más rondando mi cabeza pero sabía que en esa conversación con Nick yo debía ser fuerte y aceptar que él me gritara, insultara o despreciara aunque conociéndolo no creo que él haga algo de eso. Pero me daba mucha rabia toda esta situación y no sabía cómo contenerme.
ESTÁS LEYENDO
Desaparecer
RomanceUn amor roto que insiste en volver. Y una decisión capaz de hacerlos desaparecer.
