Mensajes a medianoche
Cristina dejó el teléfono sobre la mesa después de enviar el mensaje. Intentó actuar con normalidad, como si no acabara de abrir una puerta que llevaba años cerrada.
Su hijo dormía en la habitación de al lado. La casa estaba en silencio, iluminada solo por la lámpara del salón. Era uno de esos momentos tranquilos que normalmente aprovechaba para ordenar cosas o preparar el día siguiente.
Pero esa noche no podía concentrarse.
Miró el teléfono otra vez.
Nada.
Suspiró, casi aliviada… hasta que la pantalla se iluminó.
Pedri:
Prometo que no soy tan complicado como parece.
Cristina apoyó la espalda en el sofá, pensativa.
Cristina:
Eso dicen todos al principio.
La respuesta llegó casi de inmediato.
Pedri:
Vale, entonces reformulo: prometo intentarlo.
Sin darse cuenta, Cristina sonrió. No era una sonrisa grande. Era esa pequeña curva en los labios que aparece cuando algo te sorprende de forma agradable.
Pedri estaba tumbado en el sofá de su casa, todavía con la ropa cómoda del entrenamiento. Había enviado el primer mensaje sin pensarlo demasiado, pero ahora esperaba la respuesta con una impaciencia que no sentía desde hacía años.
Cuando vio aparecer los tres puntos de escritura, algo en su pecho se relajó.
No hablaban de fútbol. No hablaban de nada espectacular. Y precisamente por eso se sentía distinto.
Pedri:
¿Siempre trabajas tan tarde?
Cristina tardó un poco en responder.
Cristina:
Depende del turno. El aeropuerto no entiende de horarios.
Hubo unos segundos de pausa antes de que ella añadiera otro mensaje.
Cristina:
¿Y tú? ¿No deberías estar descansando para ser una estrella del fútbol?
Pedri soltó una pequeña risa solo en el salón.
Pedri:
Primero: exageras.
Segundo: sí debería.
Cristina:
Entonces vete a dormir.
Pedri:
Si me voy a dormir ahora, mañana no sabré nada más de ti.
Cristina se quedó mirando ese mensaje durante varios segundos. Aquello era exactamente el tipo de frase que normalmente habría ignorado. Pero en su tono no había presión, ni arrogancia. Solo curiosidad.
Decidió responder con sinceridad.
Cristina:
No hay mucho que saber. Trabajo, un niño que ocupa todo mi tiempo y poco más.
Pedri tardó un poco más esta vez. No quería escribir algo torpe.
Pedri:
Eso ya parece bastante.
Cristina sintió algo cálido en el pecho al leerlo.
La mayoría de la gente lo veía como una complicación. Como una advertencia. Él no.
Pasó casi una hora sin que ninguno se diera cuenta. Hablaron de cosas simples: comida favorita, películas malas que les gustaban igual, lo raro que era el silencio del aeropuerto de madrugada.
En algún momento, Cristina miró el reloj.
01:12.
Abrió el chat otra vez.
Cristina:
Vale, ahora sí. Si mañana te quedas dormido en el entrenamiento será culpa mía.
Pedri sonrió antes de escribir.
Pedri:
Lo asumiré como riesgo profesional.
Cristina dudó antes de escribir el siguiente mensaje.
Cristina:
Buenas noches, Pedri.
Pasaron unos segundos.
Pedri:
Buenas noches, Cristina.
Y luego añadió:
Me alegro de haberte vuelto a encontrar.
Cristina apagó la pantalla, pero esta vez no intentó convencerse de que aquello no significaba nada.
Porque lo significaba.
Esa misma noche, en dos lugares distintos de Barcelona, dos personas que llevaban tiempo acostumbradas a la soledad se quedaron dormidas con la misma sensación inesperada:
anticipación.
Como si algo importante estuviera empezando.
ESTÁS LEYENDO
Vida en aeropuertos - Pedri González
Fanfictioncuando la vida se pone difícil, siempre hay una persona refugio. Ellos son Pedri y Cristina
