Hermes

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Ser el mensajero de los Dioses no es una tarea fácil, muchas veces, los Dioses arremeten en contra del humilde mensajero.

—¡Cómo puedes decirme tan tranquilo que una de mis hijas va a casarse! — el grito de Afrodita hizo temblar las columnas del templo.

Las siervas de Afrodita cuchilleaban entre ellas con gestos indignados y arrogantes en sus hermosos rostros.

Aunque para mí ellas se asemejaban más a serpientes, tan vanidosas de su propias escamas, rivalizando entre ellas sin querer rivalizar contra su Diosa. No todas son así sin embargo, hay algunas, como Lyra, que son menos vanidosas sin dejar de lado el conocimiento que tienen de su belleza.

Llevo mis manos a mi cabeza y  empiezo a gesticular de la manera más exagerada posible: —¡Afrodita! ¡Tú hija Gisela va a casarse!

Solo la rapidez que me caracteriza desde mi nacimiento, evitó que la columna que Afrodita lanzó, me golpease. —¿Muy tranquilo todavía?

—¡Insolente! — gritó Afrodita, mientras caminaba de un lado a otro mascullando improperios.

Vi a Eros aparecer en el pasillo de la entrada junto a Apolo, Eros echó un breve vistazo a su madre y se dió la vuelta llevándose consigo a Apolo.

Cobarde— Pensé, el hijo mayor de Afrodita hacía un año que se había casado con Apolo, y en aquel entonces ella no había hecho tanto escándalo.

—Su prometido es un hombre de carácter tranquilo y poder, Gisela no padecerá durante su matrimonio — dije, en un intento de calmar a la furiosa madre.

No funcionó

Si acaso, avivé la llama furiosa en su interior.

—¡No me importa! — Gritó Afrodita — él va a robarla de mi lado.

—En lo que a mí respecta, ella lo robó — dije, recordando que ese hombre estaba anteriormente casado con otra mujer — no pregunté, pero la anterior esposa simplemente se murió, casualmente.

Afrodita ondeo su mano restándole importancia al asunto. — Gisela solo quitó del camino lo que le estorbaba.

Alcé una de mis cejas ante tal declaración de homicidio.

Afrodita se encogió de hombros — Las personas se mueren todo el tiempo, ya sabes cómo son los humanos. Mueren.

No iba a tratar de entrar en una discusión con la Diosa, la ira de las Diosas suele ser mucho más cruel que el de los Dioses y yo no estaba dispuesto a tratar con dicha ira.

Pero si podía redirigirla.

—Eros tuvo una hija con Apolo y no te dijo.

El rostro de Afrodita pasó por diversas emociones en un segundo, mi favorita fue la de confusión.

—¿Qué?

Asentí — Felicidades abuelita, es una niña.

Afrodita se quedó ahí de pie en silencio, quieta, su rostro paralizado en una expresión neutral, luego alzó su mano y chasqueó sus dedos, al segundo, Eros y Apolo aparecieron en el suelo, la ropa arrugada al igual que su cabello; Eros estaba sentado en las caderas de Apolo, al ver que habían sido convocados por su madre, Eros se apartó de Apolo como si este quemara.

En teoría, podría.

La voz de Afrodita era helada, mortal, con una calma que me hizo estremecer.

—Eros, ¿Diste a luz a una hija?

Eros, con las manos trataba de poner en orden su vestimenta, queriendo recuperar la compostura. —En teoría no la "dí a luz" pero si, ahora soy padre de una niña.

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⏰ Última actualización: Apr 03 ⏰

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