Único

40 8 0
                                        

La noche estaba tranquila en el Bosque del rey hada, el aire tenía ese aroma húmedo y dulce de las hojas recién movidas por el viento nocturno, y la habitación apenas estaba iluminada por la luz tenue aquellas flores lumínicas que llenaban la alcoba de los nuevos reyes de Benwick, ahora pronto bendecidos por un pequeño príncipe o princesa, aún no están del todo seguros, pero saben sin el más mínimo ápice de dudas que lo amarán demasiado sin importar su género.

La hada rubia se removió levemente entre las mantas.

No fue un movimiento brusco, solo un cambio incómodo que venía acompañado de una sensación conocida en el estómago y aquella sensación de acidez en la garganta. No tan fuerte como en los primeros meses, gracias a las diosas, pero sí lo suficiente para despertarla.

—Otra vez… — murmuró para sí misma mirando la almohada sobre la que dormitaba con recelo. Cómo desearía seguir durmiendo.

Una punzada de envidia la apuñaló cuando al volver la vista pudo observar como a su lado Ban dormía profunda y tranquilamente, con un brazo pesado rodeándole la cintura como si incluso dormido temiera que desapareciera.

Elaine lo observó un momento.

Aún le parecía extraño verlo así de tranquilo. El mismo hombre que había atravesado el purgatorio dormía como un tronco igual o hasta más despreocupado que cuando lo conoció.

Una tentación malvada le decía que lo despertara con un golpe, después de todo él es el co-autor de la criatura que va a traer al mundo en unos meses, pero la sola idea la hacía reír más que molestarse.

Instintivamente se llevó una mano al vientre donde apenas se notaba bajo la tela del camisón su vientre abultado, pero para ella era imposible ignorarlo. Una vida pequeña creciendo allí, cambiando su cuerpo poco a poco.

Y su estómago no estaba cooperando esa noche tampoco, aunque menor que en los primeros meses, donde no podía siquiera oler algún alimento porque su estómago no lo soportaba.

Intentó ignorarlo al principio.

Respiró profundo, cerró los ojos hasta que la sensación de náusea bajó, y le sirvió, al menos durante unos diez segundos donde pensó que podría dormir nuevamente, pero en un instante tuvo que sentarse de golpe al sentir que el vómito le subía a la boca con pequeñas arcadas, el movimiento despertó a Ban al instante.

—¿Elaine?

Su voz aún estaba cargada de sueño, pero sus ojos carmesí ya estaban abiertos y alerta mientras le pasaba un cesto provisional que había traído desde el momento que empeoraron las náuseas.

Ella hizo una pequeña mueca después de vomitar en el pequeño cesto por la desagradable sensación.

—Lo siento, no quería despertarte.

Ban ya estaba incorporándose desde que la sintió con aquel estremecimiento de las arcadas.

—¿Náuseas de nuevo? —dijo con la voz cargada de sueño conociendo bien la respuesta.

Elaine asintió.

No hubo dramatismo. Ban simplemente pasó una mano por su espalda con movimientos lentos y firmes mientras ella respiraba con calma, esperando que la sensación desagradable pasara.

Habían tenido que aprender esto juntos.

Las primeras veces Ban había entrado en pánico absoluto. Ahora solo se mantenía cerca, paciente, esperando que el simple hecho de acompañarla fuera suficiente, aunque no es como si pudiera mucho además de eso.

Después de unos minutos, Elaine suspiró.

—Ya pasó.

Ban soltó una respiración que probablemente llevaba conteniendo.

Our little lemonDonde viven las historias. Descúbrelo ahora