"Efecto Mariposa"

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Rai sintió una vibración tenue contra su pecho, como un latido que no le pertenecía del todo. Bajó la mirada y, con cuidado, deslizó el Teseracto fuera del interior de su haorí. El cubo reaccionó de inmediato, como si reconociera el momento, como si supiera lo que había cambiado.

La superficie geométrica comenzó a fragmentarse en planos translúcidos, proyectando una escena que no necesitaba explicación.

El incendio.

La cocina envuelta en fuego, el estallido rompiendo ventanas, el humo devorando cada rincón. Marley gritaba, desesperada, intentando alcanzar a Birdie entre las llamas. Todo era caos, calor, destrucción... y luego, el silencio.

La escena cambió.

Mike, más pequeño, de pie frente a lo que quedaba de su casa. Sus ojos vacíos, su respiración rota. A lo lejos, una figura adulta —su padre— observaba desde fuera de su auto, inmóvil, mientras los forenses retiraban cuerpos cubiertos.

Rai sintió un nudo formarse en su garganta.

No dijo nada.

No pudo.

El Teseracto vibró otra vez... y la proyección cambió.

Risas.

Luz.

Mike corriendo con sus hermanas en el patio, Katherine sonriendo desde la puerta, Marley ayudando a Birdie con algo trivial, Enid dando pequeños pasos torpes. Una vida simple... pero completa.

La imagen se desvaneció lentamente.

Rai cerró los ojos un segundo, sosteniendo el cubo con ambas manos antes de guardarlo otra vez.

Rai: ...Lo logré. —susurró apenas—

El aire se sentía distinto ahora. Más liviano.

Tal vez ese era el momento de irse.

Tal vez ya había hecho suficiente.

Pero no se movió.

Algo en su interior —más instinto que razón— la mantuvo ahí.

Horas después, el sonido de la puerta principal anunció el regreso de Mike. Rai se mantuvo a la distancia, observando desde un punto ciego, invisible como siempre.

Katherine: ¿Dónde estabas, Michael? —su voz no era dura, pero sí firme—

Mike: solo... salí un rato. —respondió bajando la mirada—

Marley: ¿Un rato? Casi ocurre una tragedia aquí, ¿lo sabías? —añadió, aún con el susto presente—

Birdie: el gas salía. —murmuró, abrazándose a sí misma—

El chico parpadeó, confundido, pero al ver el rostro de su madre... lo entendió.

Katherine: no puedes desaparecer así. Tus hermanas dependen de ti también. —dijo, acercándose—

Mike no respondió de inmediato.

Sus labios temblaron... y entonces rompió en llanto.

No era un llanto silencioso ni contenido. Era el de un niño que no sabía cómo sostener tantas cosas al mismo tiempo.

Y, sin embargo...

Era mejor así.

Mejor llorar por un regaño... que por una pérdida irreversible.

Rai observó en silencio, con los brazos cruzados, sosteniéndose a sí misma sin darse cuenta.

No intervenía, pues no hacía falta.

Kitsune Raiden VOLUMEN 3Donde viven las historias. Descúbrelo ahora