A pesar del tiempo, tenía las manos suaves, delicadas.
Piel brillante, como las de veinte.
Aunque tuviera 237.
Debía casarse antes de ser espuma.
Antes de morir.
Y siempre se negaba.
Todavía era fértil… pero no sumisa.
En la tormenta de la superficie,
vio un barco hundirse.
Nadó hasta él.
No encontró a nadie.
No lo encontró a él.
Pero no se rindió.
La insignia del barco era la misma que hace 59 años.
Desde la última vez que había descansado entre sus brazos.
Desde que lo había besado.
¿Sería posible volver a encontrarlo?
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Antología SHEY
Short StoryEn este libro encontrarás historias cortas, poemas y relatos. No serán dolorosos, pero tampoco hermosos. ...Porque las voces de mi mente se niegan a silenciarse.
