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CAPÍTULO NOVENTA Y SIETE LA MUJER DEL FUTURO ━━━━━━━━┓ * ┏━━━━━━━━
Isla de Paradis, meses antes.
El amanecer, en el puerto, era más lindo que a tope del muro.
Salía de detrás del océano con lentitud, poco a poco pintando el cielo color naranja, y las nubes las delineaba un tono cercano a un durazno con pinceladas grisáceas, y más arriba se desdibujaba en azul, uno más claro que el de sus ojos, tan claro que realmente era más parecido al agua.
El largo espacio que usaron para construir el puerto estaba ocupado por pequeños cerros respaldando la construcción, arboledas frondosas y largos campos de flores silvestres que crecían en ellas durante la primavera y parte del verano. El puerto en sí tenía forma de L, yendo desde el frente en donde las aguas eran más profundas doblando hacia la derecha, sobre donde estaban a mitad de construcción un par de almacenes, pensados para el futuro comercio que planeaban abrir con la ayuda de Serena.
Detrás suyo estaba el cuartel, el que usarían para recibir dignatarios de fuera, y adjunto a el estaban los dormitorios para los soldados estacionados aquí, las armerías, un patio para entrenamiento. El edificio se curveaba hacia un costado, así como lo hacía el puerto, y conectados a el por un largo pasillo techado estaban los que serían usados de establos para los caballos, y al otro lado, casi en la otra punta, estaban los dormitorios para los voluntarios, un gran salón de comedor para que tanto los que venían de Marley como los habitantes de Paradis pudieran usarlo.
Historia esperaba que la constante exposición a la compañía del otro los amistara más pronto. No podían simplemente ignorar la hostilidad que existía entre ambas huestes, y tampoco podían darse el lujo de pretender que la ayuda de los voluntarios era algo meramente arbitrario, y que perderla quizás no significaría nada cuando lo sería todo.
—Allá está el barco —el comandante Pixis había vuelto con ellos, con la única intención de mantenerse a raya y de observar—. Izaron la bandera al estar más cerca del puerto, pero según dicen mis hombres, no ha habido más movimiento. ¿Cómo quiere que prosigamos?
Serena debía estar ahí. Si la mujer se había atrevido a venir antes, cuando no se "suponía" que lo hiciera, entonces tendría que hacerlo ahora. Lo que sea que pudieran hacer para sacar a Félix de Marley, o para acabar con ella al fin, tendría que ser dentro de un marco de cuatro años, antes, y esos años se acababan. Ahora solo tenían dos. O la mitad de uno y de otros dos. El tiempo comenzaba a volverse un parpadeo.
Pero ya estaban tan cerca. Ya tenían el puerto, ya tenían a los voluntarios, a Zeke Jaeger. El puerto que Marley solía usar para desechar a sus titanes y enviarlos a las murallas estaba a la vuelta de la caleta, y en el estaban atrancados los barcos que habían conseguido quitarles tras todas esas expediciones. Estaban listos, en su opinión, para al menos tratar de dar los primeros pasos hacia el frente, en donde el reflector de la atención internacional les daría de lleno.