Kitsune Raiden VOLUMEN 3

By LyonVoid

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✧Kitsune Raiden: Viaje interestelar✧ • Basado en el UCM (Universo Cinematográfico de Marvel) llega Kitsune Ra... More

⚠️ Advertencia ⚠️
Capitulo 1.- La travesía del Zorro.
Capitulo 2.- Peculiaridad.
Capitulo 3.- La sombra persiste
Capitulo 4.- Cólera del policía.
Capitulo 5.- Tienda de juguetes
Capitulo 6.- Las pistas de Rai
Capitulo 7.- Bajo la máscara.
Capitulo 8.- La oscuridad acecha.
Capitulo 9.- Los instintos salvajes
Capitulo 10.- Turista en Nueva York
Capitulo 11.- Misión escolar.
Capitulo 12.- Inteligencia Artificial: parte 1.
Inteligencia artificial parte 2.
Capitulo 13.- Tyson no para de hablar.
Capitulo 14.- La noche invernal
Capitulo 15.- El regalo no tan perfecto.
Capitulo 16.- El primer paso es la confianza
Capitulo 17.- Aromatizante para Kitsunes
Capitulo 18.- El resfrío del zorro
Capitulo 19.- persecuciones nocturnas
Capitulo 20.- Voltaje.
Capitulo 21.- Glitch Misterioso
Capítulo 22.- Los muertos no hablan.
Capítulo 23.- Distorsión del Espacio-Tiempo
Capitulo 24.- ¿Cómo le explico?
Capitulo 25.- ¿Dónde quedó el Teseracto?
Capítulo 26.- Una mirada soñadora
Capitulo 27.- Gambito
Capítulo 28.- Colega arácnido
Capítulo 29.- La Dimensión Espejo
Capitulo 30.- La noche más larga.
Capitulo 31.- Identidad
Capitulo 32.-
Capítulo 33.- Viajero Sorpresa
Capitulo 34.- Señor y Señora...
Capitulo 35.- Complejo amoroso
Capitulo 36.- Boda en camino
Capitulo 37.- La grandiosa fiesta de Tonya
Capitulo 38.- El tauteo del zorro
Capitulo 39.- Patrullaje doble
Capitulo 40.- Los latidos del corazón
Capitulo 41.- La ecuación de Dirac
Capitulo 42.- Arwood y Keos
Capitulo 43.- La decisión de Rai
Capitulo 44.- El día de pesca
Capitulo 45.- En atenta vigilancia
Capítulo 46.- La verdad
Capitulo 47.- Rompiendo al Kitsune
Capitulo 48.- Banshee
Capitulo 49.- En busca del Hiruumbra
Capítulo 50.- Impotencia
Capitulo 51.- Manos arriba
Capitulo 52.- Romper
Capitulo 53.- El colapso de Carl
Capitulo 54.-Escape
Capitulo 55.- El Hombre del cañon
Capitulo 56.- La carta de Mike
Capitulo 57.- La leyenda del Kitsune
Capitulo 58.- Las mujeres no olvidamos
Capitulo 59.- La reunión de los guardianes
Capitulo 60.- La decisión de la élite.
Capitulo 61.- La piel del zorro
Capitulo 62.- Y se forman los equipos
Capítulo 63 - La guarida vacía
Capítulo 64 - Reencuentros y Revelaciones
Capítulo 65.- La tormenta interna
Capítulos 66.- Sombras en movimiento
Capítulos 67.- Ira y Descontrol
Capitulo 68.- Ecos del Multiverso
Capítulo 69.- Rumbo a la Tormenta
Capítulo 70. Una esperanza efímera.
Capítulo 71.- El valor de lo que queda.
Capítulo 72.- La decisión del padre
Capitulo 73.- El reflejo del destino
Capitulo 74.- El estómago del caos
Capítulo 75.- Llamarada sobre Utah
Capitulo 76.- Reflejos que quiebran la oscuridad
Capitulo 77.- El sol dormido
Capítulo 78.- El salto sin retorno
Capitulo 79.- El Theseracto
Capitulo 80.- El precio de existir
Capitulo 81.- El punto de quiebre
Post crédito

"Efecto Mariposa"

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By LyonVoid

Rai sintió una vibración tenue contra su pecho, como un latido que no le pertenecía del todo. Bajó la mirada y, con cuidado, deslizó el Teseracto fuera del interior de su haorí. El cubo reaccionó de inmediato, como si reconociera el momento, como si supiera lo que había cambiado.

La superficie geométrica comenzó a fragmentarse en planos translúcidos, proyectando una escena que no necesitaba explicación.

El incendio.

La cocina envuelta en fuego, el estallido rompiendo ventanas, el humo devorando cada rincón. Marley gritaba, desesperada, intentando alcanzar a Birdie entre las llamas. Todo era caos, calor, destrucción... y luego, el silencio.

La escena cambió.

Mike, más pequeño, de pie frente a lo que quedaba de su casa. Sus ojos vacíos, su respiración rota. A lo lejos, una figura adulta —su padre— observaba desde fuera de su auto, inmóvil, mientras los forenses retiraban cuerpos cubiertos.

Rai sintió un nudo formarse en su garganta.

No dijo nada.

No pudo.

El Teseracto vibró otra vez... y la proyección cambió.

Risas.

Luz.

Mike corriendo con sus hermanas en el patio, Katherine sonriendo desde la puerta, Marley ayudando a Birdie con algo trivial, Enid dando pequeños pasos torpes. Una vida simple... pero completa.

La imagen se desvaneció lentamente.

Rai cerró los ojos un segundo, sosteniendo el cubo con ambas manos antes de guardarlo otra vez.

Rai: ...Lo logré. —susurró apenas—

El aire se sentía distinto ahora. Más liviano.

Tal vez ese era el momento de irse.

Tal vez ya había hecho suficiente.

Pero no se movió.

Algo en su interior —más instinto que razón— la mantuvo ahí.

Horas después, el sonido de la puerta principal anunció el regreso de Mike. Rai se mantuvo a la distancia, observando desde un punto ciego, invisible como siempre.

Katherine: ¿Dónde estabas, Michael? —su voz no era dura, pero sí firme—

Mike: solo... salí un rato. —respondió bajando la mirada—

Marley: ¿Un rato? Casi ocurre una tragedia aquí, ¿lo sabías? —añadió, aún con el susto presente—

Birdie: el gas salía. —murmuró, abrazándose a sí misma—

El chico parpadeó, confundido, pero al ver el rostro de su madre... lo entendió.

Katherine: no puedes desaparecer así. Tus hermanas dependen de ti también. —dijo, acercándose—

Mike no respondió de inmediato.

Sus labios temblaron... y entonces rompió en llanto.

No era un llanto silencioso ni contenido. Era el de un niño que no sabía cómo sostener tantas cosas al mismo tiempo.

Y, sin embargo...

Era mejor así.

Mejor llorar por un regaño... que por una pérdida irreversible.

Rai observó en silencio, con los brazos cruzados, sosteniéndose a sí misma sin darse cuenta.

No intervenía, pues no hacía falta.

El tiempo volvió a moverse bajo su voluntad.

No fueron días.

Ni semanas.

Fueron años.

El mundo se deslizó frente a sus ojos como páginas que se pasan demasiado rápido... hasta que todo volvió a estabilizarse.

Rai: la casa no ha cambiado... —susurró—

Se apoyó en el borde de una ventana, asomándose con cuidado.

Adentro, Mike —ya no un niño— estaba recostado en su cama, auriculares puestos, dibujando con la misma concentración de siempre. Había crecido, sí... pero había algo en él que seguía intacto.

Algo que ella reconocía demasiado bien.

Rai cambió ligeramente de posición... y su pie resbaló apenas contra el borde.

Un sonido leve.

Suficiente.

Mike levantó la vista de inmediato, bajándose un auricular.

Se levantó, acercándose con curiosidad, entrecerrando los ojos.

Y entonces la vio.

Rai: ho-hola. —dijo, un poco torpe, acomodándose en el marco de la ventana—

Mike dio un salto hacia atrás, más por sorpresa que por miedo.

Mike: no me jodas... ¿eres real? —parpadeó varias veces— ¡Lo sabía! ...¿o me estoy volviendo esquizofrénico?

Rai no pudo evitar sonreír bajo la máscara.

Rai: bueno... no lo imaginaste. —respondió con un dejo juguetón—

El chico se acercó despacio, con esa curiosidad casi infantil que no había perdido del todo. Extendió la mano, intentando tocar la máscara.

Rai retrocedió apenas, esquivando el contacto con naturalidad.

Luego, con un movimiento ágil, entró en la habitación de un salto ligero.

Sus ojos recorrieron el lugar... hasta detenerse en unas hojas sobre el escritorio.

Dibujos.

De ella.

Así que la cobriza tomó uno.

Rai: según tú no te acordabas de mí. —comentó, ladeando la cabeza—

Mike: oye, deja eso. —dijo, acercándose rápido, intentando quitárselo—

Pero ella era más rápida.

Y un poco más alta.

Rai soltó una risa suave, observando el dibujo sin color.

Mike se rascó la nuca, incómodo.

Mike: traté de hacerlo lo más parecido... pero no recordaba bien cómo eras.

Ella no respondió de inmediato.

Solo lo miró.

Directo.

Esos ojos azul celeste...

Inconfundibles.

Familiares de una forma que dolía.

El momento se rompió con un golpe suave en la puerta.

Katherine: hijo, te traje algo de cenar. —su voz cálida atravesó la madera—

Mike giró la cabeza.

Mike: ya voy.

Y ese segundo fue suficiente.

Cuando volvió a mirar... ya no había nadie.

Rai estaba en la azotea, respirando un poco más rápido de lo normal, apoyando una mano sobre su pecho.

No entendía del todo por qué.

Pero lo sentía.

Algo dentro de ella... estaba cambiando.

Sin darse cuenta, la máscara comenzaba a aclararse un poco más desde el momento que hizo el cambio... como si una parte de ella se estuviera limpiando desde dentro.

Rai soltó un leve suspiro, recuperando la compostura.

Y volvió a avanzar el tiempo.

La casa seguía en pie.

La vida seguía su curso.

Rai: sigue aquí... —musitó—

Se asomó nuevamente.

Fotografías en las paredes contaban la historia sin necesidad de palabras. Marley ya no estaba; las imágenes sugerían una universidad lejos de casa. Birdie y Enid habían crecido, sus sonrisas más amplias, más seguras.

Katherine... ya no parecía tan cansada.

Y a su lado, un hombre.

No reemplazando nada.

Pero sí sumando.

Enid y Birdie lo miraban con cariño. Michael... con respeto tranquilo.

No era su padre, pero era suficiente.

Rai observó en silencio, y por un instante, sus ojos se cristalizaron.

Había algo profundamente humano en esa escena.

Algo... correcto.

La casa estaba llena de vida.

Risas, platos que chocaban suavemente, voces superpuestas... una celebración sencilla, pero cálida. Desde el tejado, Rai observaba en silencio, con las piernas recogidas y los brazos apoyados sobre ellas, mientras la familia Wolff celebraba la graduación de de preparatoria de Mike. Había un pastel en la mesa, comida suficiente para todos, y ese tipo de ambiente que no se puede fingir... ese que solo existe cuando todo, por fin, está bien.

No dijo nada.

Solo miró.

Y luego... el tiempo volvió a moverse.

No de golpe, sino como una corriente suave que la arrastraba entre fragmentos. Vio intentos fallidos, momentos dispersos, hasta detenerse en uno en particular: Joshua, el padre, regresando demasiado tarde, con palabras que ya no tenían peso, con intenciones que no encontraban lugar. Nadie lo rechazó con crueldad... pero tampoco lo necesitaban.

Eran felices sin él y eso era suficiente.

El flujo se estabilizó otra vez.

Rai apareció de nuevo sobre el tejado.

Esta vez era de día.

El sol caía limpio sobre la fachada de la casa, iluminando cada detalle como si quisiera dejar claro que ese lugar ya no pertenecía a la tristeza. Un auto rojo se detuvo frente a la entrada, y Rai, por instinto, se ocultó entre las sombras del borde.

Las puertas se abrieron.

Voces.

Movimiento.

Birdie fue la primera en bajar, ya no la niña de antes, sino una adolescente con energía contenida. Enid la siguió, más alta, más segura. Marley también estaba ahí, distinta, con esa madurez que llega cuando uno se va y regresa cambiado.

Algo se estaba moviendo.

Algo importante.

Katherine: ¿llevas todo? —preguntó desde la entrada—

Y entonces, esa voz.

Mike: sí, mamá, no te preocupes. No va a pasarme nada. Sabes que no iré solo... con Marley no hiciste tanto drama. —bromeó con una sonrisa ligera—

Katherine: lo sé... pero Marley no se fue del país.

Rai se quedó inmóvil.

Rai: ¿del país...? —susurró, abriendo los ojos—

No pudo evitar asomarse.

Y ahí estaba.

Mike.

Más adulto, más sereno... menos cargado que el que ella conocía. Había algo en él que se sentía... en paz.

Katherine: por favor, tengan mucho cuidado. —añadió con ternura— Tú también, Jennifer.

Jennifer: descuide, señora Wolff. Estaré siempre al tanto de Michael. —respondió con una sonrisa amable—

Rai observó cómo él la abrazaba, cómo sus frentes se rozaban con una naturalidad íntima, sin esfuerzo.

Rai: Jennifer... —susurró—

Y algo en su pecho... se tensó.

Mike: ah, espera... olvidé algo. Necesito la cinta para sellar estas cajas.

Se giró hacia la casa.

Rai desapareció de la vista antes de que pudiera acercarse.

Katherine: debe estar en el jardín. Gregory la usó la última vez.

Mike: está bien, mamá.

Rai descendió del tejado con un salto silencioso, ocultándose entre los arbustos del patio trasero. El corazón le latía con fuerza, no por peligro... sino por algo mucho más difícil de controlar.

Rai: debí saberlo... —susurró— Él nunca llegó a Utah... —bajó la mirada— Jamás nos conoceríamos.

El pensamiento dolió.

Pero no la rompió.

Rai: tal vez por eso... nuestros corazones nunca latieron en sincronía. —añadió, apenas audible— Él siempre fue de esa tal Jennifer...

Cerró los ojos un instante, dejando que la sensación pasara.

No se arrepentía.

En el fondo... sabía que había hecho lo correcto y ella estaba bien con eso.

Los pasos de Mike la sacaron de sus pensamientos.

Se acercaba al cobertizo, refunfuñando mientras revisaba entre herramientas, una podadora vieja, cajas olvidadas.

Mike: desgraciada cinta... nunca estás cuando se necesita.

Entonces, la voz rompió el momento.

Rai: ¿buscabas esto? —dijo, apareciendo desde la sombra—

Mike se quedó quieto.

No giró de inmediato.

Como si necesitara asegurarse de que no era un recuerdo... o un susurro.

Cuando finalmente volteó, sus ojos azules se encontraron con los de ella.

Más altos.

Más cercanos.

Más reales.

Mike: no has cambiado absolutamente nada. —dijo, con una mezcla de sorpresa y admiración— Es como si el tiempo no pasara en tí.

La chica ladeó apenas la cabeza.

Rai: no puedo decir lo mismo. —respondió con calma—

Le extendió la cinta. Él la tomó, sin dejar de mirarla, con esa curiosidad intacta que siempre había tenido.

Ella dio medio paso hacia atrás, lista para irse.

Mike: espera.

Rai se detuvo.

Mike: ¿quién eres realmente?

Rai: no lo creerías aunque te lo dijera.

El ceño de Mike se frunció ligeramente, intentando leer más allá de la máscara.

Rai: solo vine a despedirme.

Mike: entonces déjame ver qué hay debajo de la máscara.

Ella no respondió.

El silencio se tensó un segundo.

Mike: si esta será la última vez que nos veremos... ¿no crees que al menos debería conocer a mi guardiana de toda la vida?

Rai dudó.

Mike: tú estuviste ahí, ¿no? Lo evitaste.

Y los ojos de Rai brillaron al saber que él se había dado cuenta de su intervención.

Luego, él se acercó un poco más, invadiendo su espacio sin intención de incomodar... solo guiado por la necesidad de entender.

Rai pensó en ello.

Rai: de todas maneras... jamás vamos a conocernos en esta línea temporal. —pensó—

Y entonces, lentamente... llevó sus manos a la máscara.

La retiró.

El aire pareció quedarse quieto.

Mike abrió apenas los labios, como si algo encajara en su mente.

Mike: te he visto...

Rai: no... eso es imposible. —negó suavemente—

Mike: en sueños. —la interrumpió— He visto tu rostro en sueños... tu nombre creo que era... Rai.

El impacto fue silencioso, pero profundo.

Rai no supo qué decir.

Rai: ya tengo que irme.

Mike: no, espera... —la tomó de la muñeca— ¿quién eres?

Rai: alguien que...

El claxon del auto cortó la frase.

El momento.

Todo.

Mike apretó los labios, mirando hacia la entrada.

Rai: debo irme.

Mike asintió levemente.

Mike: entonces... es el adiós.

Rai se colocó la máscara de nuevo.

Pero antes de que pudiera moverse, él la abrazó.

Fuerte.

Sin aviso.

Rai se quedó rígida un instante... y luego correspondió.

Su respiración se desaceleró.

Y algo cambió.

La máscara, oculta a sus propios ojos, terminó de purificarse. El negro desapareció por completo, dejando solo ese blanco perlado, limpio... como si finalmente reflejara lo que había dentro.

Cerró los ojos.

Una lágrima escapó.

Y entonces lo sintió.

—Tudum...—

—Tudum...—

Por primera vez... los latidos estaban sincronizados.

No con este Mike.

Sino con el otro.

Con el que había amado.

Con el que existía... en otra línea, en otro tiempo.

Pero que, de algún modo, había trascendido todo.

Rai entendió.

La ecuación se resolvía sola.

El amor no pertenecía a una sola realidad.

El abrazo terminó.

Rai: sé feliz, Mike.

Mike sonrió, suave, sincero.

Mike: espero encontrarte de nuevo... alguna vez.

Rai: tal vez suceda...

Se miraron un instante más.

Y luego, él se fue.

Desde la distancia, Rai observó cómo regresaba al auto, cómo Jennifer ya había terminado de empacar con otra cinta que habían olvidado en la cajuela. Las despedidas fueron breves, llenas de abrazos y promesas.

Todo estaba bien.

Todo... como debía ser.

Rai retrocedió lentamente, alejándose de la casa.

Rai: llegó la hora.

El Ojo de Agamotto brilló.

El Teseracto respondió.

Y en un parpadeo silencioso... desapareció.

La transición fue silenciosa.




[• • • •]




Sin estruendo, sin luz cegadora... solo un cambio casi imperceptible en la textura del espacio, como si el universo mismo hubiese exhalado después de contener el aliento demasiado tiempo.

Rai volvió.

No hubo caída, ni impacto. Simplemente... estaba de pie.

Frente a Arwood y Keos.

El lugar aún parecía fragmentarse en pequeños fallos, como si la realidad terminara de acomodarse tras haber sido forzada a su límite... Era como si el tiempo no hubiese pasado desde su punto de partida.

Arwood: lo lograste, Raiden. —dijo con serenidad, observándola con una leve inclinación de cabeza—

Keos: sobreviviste... eso sí que no lo veía venir. —añadió con una sonrisa ladeada—

Rai permaneció en silencio unos segundos, procesando.

Sentía su cuerpo ligero... pero cansado. No un cansancio físico, sino algo más profundo, como si cada parte de ella hubiese sido estirada y devuelta a su lugar.

Rai: ¿todo... volvió a la normalidad? —preguntó, aún con la respiración ligeramente irregular—

El Wendigo asintió.

Arwood: el equilibrio fue restaurado. Las líneas temporales se estabilizaron... y el Teseracto ha sido reactivado.

Keos cruzó los brazos, mirándola con un brillo curioso.

Keos: y de paso, hiciste algo que ni nosotros podemos medir del todo. —hizo una pausa breve— Interesante.

Rai: como lo-...

Keos: el tiempo funciona diferente para nosotros los vigilantes, niña.

Rai no respondió. Solo bajó la mirada un instante, como si entendiera... pero no del todo.

Arwood dio un paso al frente y, con un gesto suave, abrió un portal.

No era violento, ni abrupto. Era estable. Tranquilo.

Tomó el Theseracto de las manos de Rai al igual que la gema del tiempo.

Y como una puerta a casa.

Arwood: es momento de volver con los tuyos.

Rai levantó la vista. Dudó un segundo... pero luego asintió.

Rai: Gracias por confiar en mí... —ladeó una ligera sonrisa— No vuelvan a hacerlo.

Keos soltó una risa breve.

Keos: pues yo nunca lo hice. —la miró de reojo— Pero salió mejor de lo esperado.

Arwood simplemente sonrió.

Rai dio un paso... y cruzó.




[• • • •]




Por otro lado... La ciudad respiraba de nuevo.

El caos se desvanecía como un mal sueño al amanecer. Las grietas en el cielo se cerraban lentamente, como heridas cicatrizando. Las criaturas, una por una, eran absorbidas de vuelta a donde pertenecían, dejando tras de sí calles destruidas, polvo suspendido... y silencio.

Un silencio que no era vacío.

Era alivio.

Los guardianes Kitsune permanecían de pie, agotados, cubiertos de heridas, pero firmes. Algunos ayudaban a civiles, otros simplemente se aseguraban de que los suyos seguían ahí.

La policía y los equipos de emergencia comenzaban a tomar control de lo que quedaba.

Todo volvía.

Poco a poco... Pero aquellos que esperaban, aún faltaba una pieza.

Andrew: no hay rastro de ella. —dijo agotado mientras se sentaba en un montón de escombro—

Entonces... una chispa.

En el aire.

Un destello pequeño, casi insignificante... que creció en cuestión de segundos hasta abrirse en un portal estable.

Todos voltearon.

Yuudai fue el primero en reaccionar.

Yuudai: ¡ahí está! —exclamó, señalando— ¡Es Rai!

Andrew dio un paso al frente, incrédulo.

Andrew: santo Dios...

La silueta emergió.

Rai.

De vuelta.

Rai se hizo a un lado la máscara y sonrió para ellos mientras se acercaba con tranquilidad.

No hizo falta más.

Andrew corrió hacia ella, al igual que Yuudai, pues eran los más cercanos al lugar. El impacto del abrazo fue fuerte, casi desesperado, como si necesitaran confirmar que el otro era real.

Rai se aferró a los dos con fuerza.

Los demás se fueron acercando poco a poco cuando notaron la anomalía.

Yuudai: ¡creí que no volvería a verte! —dijo aferrando su rostro al estómago de Rai, ocultando sus lágrimas infantiles—

Ayaka: déjala respirar Yuudai. —dijo casi preocupada por l a incomodidad de Rai—

Rai la miró y le sonrió. Ayaka no supo cómo reaccionar en el momento pero devolvió la sonrisa y a pesar de la situación, trató de ser formal.

Ayaka: creo que no nos han presentado adecuadamente Rai. Yo soy Ayaka Sato. Kitsune del océano. —tendió la mano cordialmente y un tanto temblorosa—

Rai: bueno, creo que ya me conoces... —rió vagamente— Un placer.

Pero el momento... cambió.

No abruptamente.

Sutil.

Andrew fue el primero en notarlo.

Se separó apenas, girando la mirada.

Andrew: oigan denle espacio a la heroína.

A lo lejos...

Mike.

Mirándola.

Los demás lo entendieron sin palabras. Poco a poco, se apartaron, dejando espacio... como si el mundo entero supiera que ese momento no les pertenecía.

Rai levantó la vista.

Lo vio.

Y algo dentro de ella... se alineó.

No lo pensó tanto. Simplemente se acercó y Mike también.

El choque fue casi inevitable... y necesario.

Se detuvieron en el momento justo quedando frente a frente...

Las cosas aún no estaban claros entre ellos pero no era el momento para ponerse a pensar en ello.

Rai: te extrañé mucho.

Mike no respondió de inmediato.

Se acercó casi de golpe como si intentara besarla pero se limitó a hacerlo por mero respeto... No estaba seguro si era adecuado.

La tomó de los hombros con torpeza... cargado de todo lo que no habían podido decir.

Mike: yo también... —murmuró— Pensé que no volvería a verte...

Ella levantó la mirada apenas para conectar con sus ojos...

Y entonces los vió.

No importaba el tiempo, la época o la dimensión... Ella reconocía esos ojos celestes en cualquier lugar.

Rai: no... hablo en serio. —su voz tembló apenas— Te extrañé mucho. El tiempo allá es... Diferente.

Mike la observó, con una mezcla de curiosidad y algo más profundo... algo que ahora podía sentir sin entender del todo.

Mike: ¿así? —preguntó suavemente— ¿y cómo se sintió?

Rai sostuvo su mirada.

Sus ojos brillaban.

Rai: como toda una vida...

El silencio que siguió no fue incómodo.

Fue... pleno.

Pero Michael no sabía que lo decía en serio.

La razón por la que Rai no podía escuchar los latidos de su corazón... Sincronizado con el de él.

Como si nunca hubieran estado separados.

Como si, de alguna forma imposible...

Siempre hubieran estado juntos.

Era por la oscuridad que en ese momento la consumía... Y que gracias a esa acción de amor incondicional, pudo purificar.

Mike seguía frente a ella, en silencio, como si también estuviera tratando de procesar algo que no lograba entender del todo. Había preguntas en sus ojos, pero también una calma extraña... como si una parte de él ya conociera las respuestas.

Y entonces-

Jess: ¡mocosa!. —la saludó de manera espontánea interrumpiendo aquel momento—

Rai: Jess!!

La cobriza no lo pensó ni un minuto, simplemente lo abrazo con fuerza tomándolo por sorpresa.

Jess dudó unos segundos y correspondió el abrazo, revolvió su cabellera como un gesto de camaradería. Entonces los demás comenzaron a acercarse.

Luego una presencia.

Sutil al principio.

Como una distorsión en el aire.

El espacio detrás de ellos se plegó suavemente, como si la realidad fuese una tela que alguien acababa de apartar.

Strange apareció.

No hubo estruendo, ni espectáculo innecesario. Solo ese porte tranquilo, pero firme, de alguien que entendía perfectamente el peso de cada segundo.

Strange: no quería interrumpir... —dijo con voz baja, pero clara— Pero el tiempo no está de nuestro lado.

Rai giró apenas el rostro hacia él, entendiendo al instante que algo más estaba en juego.

Mike, en cambio, retrocedió medio paso, claramente confundido.

Andrew: ok... esto ya se está poniendo raro.

Strange ignoró el comentario, centrando su atención en Rai.

Strange: Xiang sigue aquí por un hechizo de contención que coloqué. —explicó con calma— Me pidió... suplicó quedarse un poco más. Quería despedirse.

Rai y Andrew sintieron un ligero nudo en el pecho.

Strange: pero ese margen se está agotando. Si no la regreso pronto... podría desestabilizar ambas dimensiones.

No hacía falta decir más.

Rai asintió.

Rai: entonces no hay tiempo que perder.

Strange hizo un gesto leve con la mano.

A unos metros Xiang apareció.

Sus ojos buscaron de inmediato a Rai.

Y cuando la vió... sonrió.

Pero era una sonrisa cargada.

De alivio.

De tristeza.

De despedida.

Xiang: lo lograste Rai... —dijo suavemente—

Rai no respondió de inmediato.

Se acercó.

Y sin decir nada... la abrazó.

Fuerte.

Como si ese momento tuviera que compensar todo lo que no podrían vivir después.

Rai: gracias... —murmuró contra su hombro— Por quedarte... por ayudar... por todo.

La azabache cerró los ojos.

Xiang: no podía irme sin asegurarme de que estarías bien... Ni tampoco sin despedirme.

Se separaron despacio.

Ambas sabían que no había mucho más que decir... sin romperse.

Pero entonces, Xiang giró la mirada.

Andrew estaba ahí.

Observándola.

Quieto pero cargado de sentimiento.

Como si no supiera si acercarse... o quedarse donde estaba.

Xiang lo vio y caminó hacia él.

Cada paso pesaba.

No por duda... sino por lo que significaba.

Se detuvo frente a él.

Andrew tragó saliva.

Andrew: supongo que... esto es un adiós, ¿no?

Intentó sonreír.

No le salió del todo.

Xiang bajó la mirada un segundo, luego volvió a alzarla.

Xiang: lamento lo que le pasó a tu Xiang...

Esas palabras fueron suficientes para que Andrew se quebrara.

No hizo ruido ni gestos, solo respiró profundo mirando hacia al vacío mientras las lágrimas silenciosas se le escapaban de los ojos por más que se intentó contener.

Xiang: en otra vida... —susurró— Si pudieron, Andrew...

Andrew: ¿como lo sabes?

Xiang: porque lo he vivido... —dijo en voz baja acariciandole la mejilla—

Andrew soltó una risa suave, sin humor

Ella sonrió apenas.

Y entonces... lo abrazó.

No con urgencia.

Sino con esa calma que solo existe cuando sabes que no hay marcha atrás.

Andrew dudó un instante...

Pero luego correspondió.

Fuerte.

Silencioso.

Como si quisiera memorizar ese momento con todo el cuerpo.

Se separaron lentamente.

Xiang: tienes que seguir adelante... Promételo.

Andrew dudó un instante.

La abrazó con fuerza una vez más y secó la última lágrima que se le escapaba.

Andrew: lo prometo.

El momento quedó suspendido en el aire... Finalmente se había cerrado un ciclo en Andrew, así que no podía seguir estancando en ello.

Andrew: espera... —sacó su teléfono con torpeza— Antes de que te vayas.

Xiang frunció el ceño, confundida.

Andrew: una foto. Para recordar que esto no fue un sueño.

Ella dudó un segundo... pero asintió.

Se acercaron un poco más.

Rai se unió a ellos sin decir nada.

El momento quedó enmarcado en la pantalla. Los tres estaban desaliñados, sucios, con heridas de batalla.

Pero aún así sonrieron.

Andrew levantó el teléfono.

Andrew: ok... sonrían... o al menos intenten no parecer que el universo se estuvo cayendo.

Un leve intento de humor.

Un clic.

La foto quedó guardada.

Andrew bajó el teléfono.

Andrew: te la mando... así no tienes excusa para olvidarme.

Xiang: jamás lo haría. —sonrió revisando su teléfono—

Rai bajó ligeramente la mirada.

Rai: tendrás que guardarla por mí, Andrew. —dijo con suavidad—

Andrew la miró, sin entender.

Rai levantó apenas la muñeca vacía.

Rai: Tyson... —negó ligeramente— Él.. ya no-...

El silencio cayó de golpe.

Andrew cerró los ojos un segundo.

Andrew: cumplió con su trabajo, ¿no es cierto?

Rai solo asintió.

Andrew: lo lamento mucho.

No había necesidad de más palabras.

Strange dio un paso al frente.

Strange: es hora.

El tono no era frío.

Pero sí definitivo.

Xiang respiró hondo.

Miró una vez más a Rai.

Luego a Andrew.

Xiang: gracias... por todo.

Andrew quiso decir algo.

No pudo.

Solo asintió.

Rai sostuvo su mirada un segundo más.

Rai: ah... Espere, Doctor Strange. —dijo dando un paso al frente— Esto es suyo.

Con delicadeza le entregó el ojo de Agamotto, vacío, tal cual a como se lo había dado.

Strange asintió como agradecimiento y se dió media vuelta.

Rai: cuídate Xiang... Dónde sea que estés.

Xiang sonrió.

Y entonces, el aire volvió a plegarse.

La luz cambió.

Su silueta comenzó a desvanecerse, como si el mundo la estuviera soltando poco a poco.

Y en un instante...

Ya no estaba.

El silencio que quedó después... pesó más que cualquier ruido.

Nadie habló.

Porque todos entendían lo mismo.

Algunas despedidas... no tienen continuación.

Después del largo silencio... El pequeño rubio inoportuno habló.

Yuudai: ¿Y ahora que sigue?

Todos los demás lo miraron. Nadie dijo nada, no había necesidad de hacerlo.

Y entonces...


¿qué sigue?



Pov's Rai:



Bueno... para responderle a Yuudai... supongo que tengo que hacer un pequeño resumen de lo que ocurrió justo después.

[• • • •]

Cuando la ciudad recuperó la paz, no fueron los héroes quienes contaron la historia...

Fueron los noticieros.

Por primera vez... el mundo supo de nosotros.

De la Élite de Guardianes Kitsune.

Reportera: ¿Es verdad que provienen de un linaje antiguo? —preguntó inclinando ligeramente el micrófono, con esa mezcla de curiosidad y ansiedad que tienen cuando saben que están frente a algo importante—

Fuji: Sí, es verdad. —respondió con su máscara puesta, manteniendo la postura firme, aunque su voz llevaba un matiz de incomodidad poco habitual en él—

Reportero 2: ¿Por qué todos usan una máscara? ¿Acaso se ocultan de algo que no quieren que el mundo sepa? —insistió, dando un paso al frente, claramente buscando provocar una reacción—

Fuji guardó silencio un instante. No por falta de respuesta... sino porque no estaba acostumbrado a ese tipo de exposición. Su mirada se mantuvo al frente, pero su tensión era evidente.

—Y antes de que pudiera decir algo—

Jin: Si no les importa... él no va a responder a eso. —intervino con firmeza, cruzándose ligeramente de brazos mientras su presencia fría bastaba para cortar cualquier intento de insistencia—

—El ambiente se tensó... pero nadie volvió a preguntar.—

[• • • •]

Después del ajetreo...

vino el silencio.

Ese que pesa más.

Ese que no sabes cómo llenar.

Conmemoramos a Carl con un funeral al que asistió toda la escuela.

—El cielo estaba nublado, no de forma dramática... sino opaca, como si incluso el día hubiera decidido no destacar. Las filas de estudiantes se extendían en completo silencio, algunos con la mirada baja, otros intentando mantenerse firmes... sin lograrlo del todo—

Él no tenía la culpa de nada...

—El ataúd descansaba al frente, rodeado de flores blancas demasiado perfectas para algo tan injusto—

Tampoco las chicas a pesar de haber sido crueles.

—Hannah no dejaba de llorar. Sus hombros temblaban mientras apretaba un pañuelo entre sus manos, completamente empapado, como si aferrarse a él fuera lo único que la mantenía en pie.—

—Tonya, a su lado, trataba de mantenerse fuerte... pero sus ojos la traicionaban cada pocos segundos, llenándose de lágrimas que se negaba a dejar caer.—

Las lágrimas fueron inevitables...

Y eso era lo más duro...

Porque Carl...

siempre hacía reír a todos.

Siempre.

Y esta vez...

Solo dejó lágrimas.

Lamentablemente fue una víctima que no tenía la culpa de nada...

Solo estuvo en el lugar equivocado... en el momento equivocado...

—El viento pasó suavemente entre las personas, moviendo apenas las flores, como si incluso el mundo intentara decir algo... sin lograrlo del todo.—

Y es algo con lo que tenemos que aprender a vivir...

aunque no queramos.

[• • • •]

Me gustaría decir que todos los cabos quedaron sueltos...

pero no.

Ni Ángela... ni Dark Crow dieron la cara.

Ambos desaparecieron sin dejar rastro.

Y luego están otros...

Que realmente hubiera sido bueno que sí desaparecieran.

[• • • •]

Cameron: Lo siento, Terry.  Pero en ese estado no es posible que conserves el puesto. —dijo con un tono que pretendía ser firme, aunque su expresión reflejaba más incomodidad que autoridad mientras sostenía los documentos frente a él—

Terry: ¡¡Esto es despido incausado!! —protestó desde su silla de ruedas, golpeando con frustración uno de los reposabrazos mientras su rostro se contraía de rabia—

Al parecer, el monstruo no se lo comió...

Pero sí lo dejó lisiado por alguna extraña razón.

Nunca sabremos cómo pasó, pues a Terry no le gusta hablar de ello.

Cameron: Lo lamento, Peyton, pero es imposible que puedas servir así. —añadió intentando mantener la compostura—

Mike: No, señor... de hecho sí. —intervino con calma, apoyado ligeramente contra el escritorio, con ese tono relajado que usaba cuando estaba a punto de decir algo que claramente no iba a gustar—

Terry levantó la mirada hacia él, cargada de desprecio.

Mike: Sus manos aún funcionan... podría ayudar a quitar la goma de mascar de los escritorios de la estación. —continuó con una ligera inclinación de cabeza, como si realmente estuviera proponiendo algo útil— y también a limpiar los mocos pegados que suele dejar el oficial Kokoshka en las paredes de su oficina.

Un silencio incómodo llenó la habitación.

Terry: Desgraciado perro... —murmuró entre dientes, apretando la mandíbula con rabia contenida—

Cameron: Es buena idea, oficial Wolff. —respondió con total seriedad, acomodándose la corbata como si acabara de tomar una gran decisión— Peyton, te harás cargo de la goma de mascar... y de los mocos de Kokoshka.

Terry: Pe-pero...

Cameron: ¿Querías trabajo, no? ¿Qué esperas? Hay mucho que limpiar. —lo interrumpió sin darle espacio a réplica—

Mike cruzó los brazos, ocultando apenas una sonrisa.

Mike: Es un hombre de gran corazón, jefe Klum... mire que no dejar sin empleo a un discapacitado... habla muy bien de usted. —añadió con un sarcasmo perfectamente medido—

Cameron: ¿Usted cree, oficial Wolff? —respondió inflando ligeramente el pecho— Tal vez me den una medalla este año por eso.

[• • • •]

En cuanto a los guardianes...

Todos volvieron a sus templos.

A sus hogares.

Incluso Fuji.

Fuji: No puedo seguir dejando el templo solo. —dijo con una preocupación evidente, aunque intentaba mantener su postura firme—

Rai: lo sé maestro. —asentió con una sonrisa tranquila, entendiendo perfectamente lo que implicaba para él tomar esa decisión—

Fuji: Vendré a visitarte de vez en cuando. —añadió, como si necesitara asegurarse de que esa distancia no fuera definitiva—

Rai: no voy a quedarme sola y lo sabe.

—justo en ese momento Jess acercó por detrás, con esa presencia suya tan fácil de reconocer—

—Fuji levantó la mirada hacia él.

Jess sostuvo el contacto visual con calma.

Ambos hicieron una ligera reverencia, breve... pero cargada de respeto.—

Jess: Voy a echarle un ojo cada tanto, no te preocupes. —dijo con su tono relajado, pero firme, dejando claro que hablaba en serio—

Fuji: Por favor. —insistió, dando un pequeño paso al frente— Sé que vives en Arizona y que puedes venir en un chispazo... pero... —su voz bajó ligeramente al mirarla— aun así me preocupa.

—Jess soltó un suspiro leve antes de acercarse un poco más a él—

Jess: Ella debe ser independiente, ¿entiende? Ya no es una niña... y si usted no confía en ella, se va a estresar. —comentó con calma, pero con esa firmeza que no deja espacio a discusión— Y ya sabe cómo son los Kitsune del rayo cuando se estresan.

—Fuji guardó silencio unos segundos.
Luego asintió.
Finalmente se acercó a ella.—

Y no lo pensé.

Lo abracé.

Él correspondió, con esa rigidez que siempre lo caracterizaba... pero esta vez había algo más.

Algo que no necesitaba decir.

Fuji: Hasta pronto. —respondió finalmente, separándose con una ligera sonrisa que apenas lograba contener todo lo que sentía—

Y entonces...

se fue.


[• • • •]






Dos semanas después...









La joven Rai se encontraba en casa. Ahora viviendo sola... pero no era algo que le afectara.

El silencio del lugar no era incómodo. Al contrario, había aprendido a convivir con él... a usarlo.

Esa noche estaba muy ocupada en su sótano, inclinada sobre su mesa de trabajo, rodeada de herramientas tecnológicas, piezas abiertas, cables expuestos y componentes diminutos perfectamente organizados. La luz blanca del foco caía directamente sobre la superficie metálica, iluminando cada detalle de lo que estaba construyendo.

Frente a ella, su laptop transmitía una videollamada activa.

Andrew aparecía del otro lado de la pantalla, concentrado, con varias ventanas abiertas detrás de él, código corriendo en segundo plano.

La música sonaba en bajo volumen desde una bocina cercana... lo suficiente para acompañar, no para distraer.

Era su forma de entrar en ese estado de concentración pura.

Rai: solo es una copia, no es así? —preguntó resignada, sin dejar de observar el pequeño microchip entre sus dedos—

Andrew: eso creí hasta que revisé la base de datos de Argus. —respondió a través de la pantalla, cruzándose ligeramente de brazos— Cuando creé a Tyson lo hice con ayuda de Argus... así que es como su "hijo".

Rai levantó apenas una ceja, dejando escapar una pequeña sonrisa de lado.

Rai: eso es raro.

Andrew soltó una leve exhalación, casi divertida.

Andrew: lo sé... pero gracias a eso, Argus estuvo conectado a Tyson todo este tiempo, en tiempo real. —hizo una breve pausa— Y estuvo monitoreándolo... hasta el último momento.

El ambiente cambió sutilmente.

El sonido de la música seguía ahí... pero entre ellos se formó un pequeño silencio.

Rai bajó la mirada, observando el microchip con más atención, girándolo suavemente entre sus dedos como si buscara algo más que datos en él... como si esperara encontrar una respuesta.

Andrew: Tyson jamás lo supo... y yo no tuve nada que ver. —añadió con claridad— Pero Argus descargó la base de datos de Tyson y la movió a la tarjeta madre de mi computadora en el momento que detectó el corto circuito.

Rai asintió levemente, casi en automático, entendiendo el proceso.

Rai: como un sistema de seguridad de guardado automático. —complementó en un susurro—

Andrew: exactamente. —respondió— La memoria de Tyson está intacta en ese microchip... bueno... —hizo una pequeña pausa— o eso creo.

Rai frunció ligeramente el ceño.

No por desconfianza... sino por lo que implicaba ese "creo".

Andrew: debería haber guardado todo hasta el momento en que se apagó. —continuó— Trata de implementarlo a esa nueva carcasa y... _se detuvo un segundo— después me cuentas qué tal te fue.

Rai inhaló suave.

Rai: espero que tengas razón.

Andrew bajó ligeramente la mirada.

Andrew: también yo...

Silencio.

Pero no incómodo.

Solo... real.

Andrew levantó la vista otra vez hacia la cámara.

Andrew: suerte, Rai.

Ella asintió con suavidad.

Rai: gracias, Andrew.

La llamada finalizó.

La pantalla quedó en negro por un instante... antes de volver al escritorio.

La música continuó.

Y entonces, Rai volvió a su mundo.

Colocó el microchip con extremo cuidado sobre la mesa, ajustando su postura mientras acercaba las herramientas necesarias. Sus movimientos eran precisos, calculados... casi quirúrgicos.

La nueva carcasa del reloj estaba abierta frente a ella, mostrando su estructura interna: circuitos limpios, espacio perfectamente diseñado para recibir el núcleo que tenía en la mano.

Rai sostuvo el microchip un segundo más.

Como si dudara.

Como si supiera que ese momento... importaba más de lo que parecía.

Y entonces lo colocó.

Encajó con exactitud.

Sin margen de error.

A partir de ahí, cada movimiento fluyó.

Ajustó conexiones.

Alineó contactos.

Selló los puntos necesarios.

Cada pieza encontró su lugar bajo sus manos firmes hasta que finalmente cerró la carcasa.

El reloj estaba completo.

Silencioso.

Esperando.

Rai lo observó unos segundos... y luego, sin dramatizar... activó el sistema.

"Iniciando sistema..."

La voz resonó con una claridad mecánica dentro del sótano, rompiendo el silencio que se había asentado tras el ensamblaje.

Rai no se movió.

Se mantuvo de pie frente a la mesa, con los brazos apenas relajados a los costados, observando el reloj con una paciencia que no era pasiva... era contenida, como si cualquier reacción anticipada pudiera arruinar el momento.

"Sistemas iniciados correctamente"

El leve brillo de la interfaz se estabilizó.

. . . .

"Hola, Rai, soy tu asistente personal de confianza... Debes asignarme un nombre..."

Rai soltó el aire lentamente, cerrando los ojos un segundo antes de torcer ligeramente los labios.

Rai: bien... Creo que debo conformarme. —murmuró con resignación, apoyando una mano en la mesa— Ajustes.

"Sistema de ajustes..."

Rai inclinó la cabeza apenas, como si realmente estuviera pensando en algo serio.

Rai: Nombre... —arqueó una ceja con duda, fingiendo analizarlo con importancia— Petronila.

Sistema: . . .

Hubo un pequeño silencio.

"No me parece un nombre adecuado..."

Rai entrecerró los ojos.

Y entonces sonrió.

No era una sonrisa cualquiera... era esa expresión cómplice, casi traviesa, de quien acaba de confirmar exactamente lo que sospechaba.

Rai: ¿Qué tal Menganito...?

"No, esto ya no es una broma. La memoria está intacta"

La sonrisa de Rai se amplió apenas.

Rai: ¿seguro...? —apoyó ligeramente la cadera contra la mesa— Porque creo que Petronila te queda muy bien.

Una pausa.

Y entonces-

Rai: Tyson... Ya sé que eres tú.

Silencio...

Tyson: ¿Puedo saber en qué fallé para delatarme?

La chico rió brevemente.

Rai: Me llamaste por mi nombre. —dijo con seguridad— La primera vez me dijiste señorita.

Tyson: Rai... Tú eres responsable de mis parámetros de humor, está broma es culpa tuya.

La voz ya no era genérica.

No era plana.

Realmente era él.

Rai soltó una pequeña risa por lo bajo, cruzándose de brazos con cierta satisfacción.

Rai: pues entonces bájalos a un 70%.

Tyson: Humor: sententa... por... ciento.

Rai negó levemente con la cabeza, divertida.

Rai: bienvenido de vuelta, Tyson. —sonrió con calidez, esta vez sin ironía—

Hubo un breve silencio... pero no vacío.

Era ese tipo de pausa donde todo encaja sin necesidad de decir más.

Tyson: ¿cuál es el colmo de un vampiro?

Rai levantó una ceja lentamente.

Rai: ¿quieres un 50%?

Tyson procesó un segundo.

Tyson: que tal si mejor me cuentas tu travesía por el tiempo.

Rai desvió la mirada, apoyando ambas manos sobre la mesa, dejando escapar una leve sonrisa más suave... más real.

Rai: créeme... no querrás saberlo.

La música seguía sonando de fondo, envolviendo el momento con una calma que hacía contraste con todo lo que había pasado.

Pero por primera vez...

No pesaba.

[• • • •]

Y bueno... Los siguientes dias fueron más normales...
no todo quedó exactamente igual.

Pero sí un poco mejor que antes.

[• • • •]

La pantalla de la laptop iluminaba el rostro de Rai mientras se recargaba en su silla, observando la videollamada con una expresión relajada.

Yuudai: Rai, iré a verte en vacaciones de verano. —dijo con entusiasmo evidente, inclinándose hacia la cámara— Ayaka también quiere verte.

Desde el fondo, una voz interrumpió de inmediato.

Ayaka: ¡cállate!

Rai no pudo evitar reír.

Esa dinámica... no cambiaba nunca.

Rai: de hecho nos reuniremos antes. —añadió, apoyando el codo en el escritorio— El maestro Fuji dijo que los Kitsune del rayo también debemos asistir a la próxima ceremonia de ascensión.

Hubo un pequeño silencio.

Ayaka se acercó más a la cámara, claramente intrigada.

Ayaka: ¿ceremonia de ascensión? ¿Tendremos nuevos miembros de la élite?

Yuudai ladeó la cabeza con una sonrisa burlona.

Yuudai: para ser la sucesora de líder no te enteras de mucho, eh...

Ayaka frunció el ceño, claramente avergonzada.

Antes de que pudiera responder-

—ding dong—

Rai giró ligeramente la cabeza hacia la puerta.

Rai: chicos, debo irme.

Adiós. —respondieron ambos al unísono—

Tyson: llamada finalizada.

La pantalla se apagó.

Rai cerró la laptop con un movimiento rápido y se levantó casi de inmediato, subiendo las escaleras con pasos ligeros pero apresurados.

Abrió la puerta.

Y se detuvo.

Mike: hola. —dijo, asomándose apenas detrás de un ramo de lirios de tigre rosado, con una sonrisa ligeramente nerviosa—

Rai parpadeó una vez... y luego sonrió, apenada.

No solo por el gesto, si no por el significado de esas flores: "Te reto a que me ames"

Rai: ¿y eso?

Mike bajó un poco las flores, rascándose la nuca con torpeza.

Mike: bueno... es que fui por un café... —hizo un gesto con la mano— y luego vi al vendedor de flores... y luego me acordé de ti... y luego dije "¿por qué no?"... —soltó un pequeño suspiro, mirándola con sinceridad— ¿podemos reanudar lo que dejamos pendiente...?

Rai no respondió de inmediato.

Lo miró.

Directo.

A esos ojos azules que ya conocía... que ya había perdido... y que, de alguna forma, siempre encontraba de nuevo.

Su expresión se suavizó.

Y entonces se acercó.

Sin prisa.

Sin dudas.

Lo besó.

Suave.

Cálido.

Mike correspondió al instante, acercándola con cuidado, como si temiera que desapareciera si lo hacía demasiado fuerte.

Cuando se separaron, Rai no se alejó.

Al contrario...

Se acercó más.

Lo abrazó, deslizando sus brazos alrededor de él mientras apoyaba su oído contra su pecho.

Y entonces...

Lo sintió.

Tudum...

Tudum...

No había interferencias ni distancia.

Solo ese ritmo.

Claro, firme y en sincronía...

Rai cerró los ojos.

Y por primera vez en mucho tiempo...

No había dudas.


—Fin—


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