Capítulo Dieciséis 🎨

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(Never too late - Three Days Grace)


Escucho los gritos, las palabras agresivas, lo insultos innecesarios, y no lo entiendo. No comprendo cómo toda la paz se esfumó de la noche a la mañana.

La voz de papá atraviesa las paredes; sus palabras no son dirigidas a mi persona pero el dolor en mi pecho me dice que su agresividad me afecta más que nunca. Mamá grita. Quedo estupefacta. Extrañada. Inmóvil. Ella no es así. Nunca lo hace. Comúnmente suele ser la razonable, el mediador cuando mi padre está de mal humor. Ahora, que esté al igual a él, sólo que diferente, un tono más desesperado y nervioso, como si quisiera hacer que le entendiera, que la escuchara...

No lo entiendo.

Ellos. Mis padres no pelean o al menos no lo habían hecho cuando estaba en casa. Me siento confundida, desubicado y nerviosa en mi propia piel. ¿Qué hago?

Un estruendo fuerte me hace sobresaltar en mi cama. Entre la acumulación de emociones una se alza por encima formando cabeza sobre las demás: «preocupación».

El impulso me saca de la cama y me guía a la puerta. Estoy ahí, entre la poca tranquilidad de mi habitación y a un paso de poder presenciar toda la batalla naval que podría avecinarse en el pasillo. Mi cuerpo se eriza advirtiéndome, gritándome: «quédate aquí».

Que sea ignorante a todo lo que sucede afuera.

Toco la perilla, debatiendo si continuar o retroceder.

Quédate, quédate, quédate.

Seguí adelante; por alguna razón mi respiración se acelera, mis pasos son lentos, precavidos y atemorizados. Las voces amortiguadas por las paredes ahora son más claras y entendibles, pero el estar ajena a la conversación no puedo comprender el contexto y unir las palabras correctamente.

«Trabajo» es lo más repetitivo. Conteniendo el aire en mis pulmones avanzo el resto del camino, esperando tener una buena vista panorámica y también un mejor alcance auditivo.

 


2 de Mayo, 2016.

Por milésima vez un suspiro brota de mis labios. Apoyo mi frente en el frío mármol de mi lugar de trabajo. Mis ojos se cierran buscando la serenidad que requiero para el final del día. Hoy a habido muchos clientes, es bueno. Maravilloso si soy sincera. Ahora bien, creo que estoy más asocial que de costumbre. No quiero ver a más personas cruzar la puerta. No quiero atender a más gente. Soy consiente que apenas está transcurriendo la tarde y aún falta unas horas para dar finalizado el día. Pero estoy en esa línea que se arrepiente de crecer y tener responsabilidades de adulta ahora.

Necesito un botón de retroceso. De esos que me regresan a la matriz y evitar ser el espermatozoide ganador para darle ventaja a otro.

Deja el drama que si no trabajas no tendrás cosas bonitas, pendeja.

Un recordatorio que no necesitaba.

Solamente por comprobar reviso el reloj de nuevo. Una queja sale de mí y regreso a realizar el resto de mi trabajo. Sólo han pasado cinco minutos de la última revisada ya cuando imaginada que eran treinta. ¿Por qué cuando más deseas salir el tiempo es más tardío? ¿Es que el mundo no puede colaborar a mi favor y hacer las horas relativamente rápidas?

Al escuchar el sonido recurrente de la puerta trago el enorme suspiro que exige salir. Relajo mis hombros y con un encanto que no siento digo mi diálogo eterno:

—Buenas tardes. ¿A la orden, amigo? ¿Qué se le ofrece?

Sin embargo, no me molesto en subir la mirada de la libreta mientras termino las anotaciones finales de la semana. Algo que, normalmente, estaría listo desde ayer, cabe aclarar.

—Me siento tan bienvenido, gracias por ese entusiasmo.

Me paralizo.

Ay Dios. No, no, no. Dime que mi cabeza está jodiéndome otra vez. Conteniendo el aire en mis pulmones me enderezo. Ya puedo imaginar la expresión pálida de mi rostro  y el como mi ojos se abren casi saliendo de sus órbitas. Un sudor frío humedece la piel de mi nuca a pesar que el día de hoy decidí por un simple moño desordenado, simplemente porque me levanté tarde para ir al trabajo.

Pero supongo que esta reacción es común cuando ves a tu abuelo, en tu lugar de trabajo. Un lugar que no debería conocer y sobre todo verme trabajando, teniendo en cuenta que para él, la abuela y mi padre, soy una holgazana.

Bueno, ese no sería el término que usaría mi abuelo hacia mí. Mi padre y la abuela... esa es otra historia.

—¿Qué ha-aces aquí, abuelo? —aclaro mi garganta al sentir la resequedad. Procuro mantenerme serena ante sus ojos. Doy gracias que mi zona de trabajo cubra por completo mis piernas o estaría viendo mi pierna rebotar por los nervios.

Aquellos ojos se volvieron rejillas en mi dirección. Tomó parte de mí no encogerme en el asiento.

Antes que alguno de nosotros pudiera decir algo los chicos irrumpen en el acto; Mason, Robert y Bell ríen abiertamente ignorando por completo la escena o la nueva persona parada frente a mí. Robert es el primero en notar a mi abuelo, no es la primera vez que un hombre en traje viene por un diseño, por lo que supone que el abuelo es un cliente nuevo. Los otros dos siguen su ejemplo, observándolo detalladamente. No sé que podría mostrar mi cara pero seguro no es nada cómodo porque Mason se acerca a evaluar a mi abuelo con otros ojos.

Evitando un malentendido intervengo rápido.

—Chicos, él es mi abuelo, Callum Novak. —mantengo mi voz suave. Aunque podría decirlo más alegre, todos en la habitación sabría lo falsa que sería.

Al explicar quién es la persona que nos acompaña los chicos quedan iguales que yo al principio, o bueno, aún sigo igual. Conmocionada. Bell se adelanta extendiendo su mano para presentarse y, posiblemente la besaría por tratar de esfumar este ambiente incómodo. Robert hizo lo mismo dejando a Mason de último, su mirada marrón no deja de estudiar a mi abuelo después de presentarse. El lado contrario evalúa a mis amigos en silencio, su comportamiento es educado y sus movimientos relajados. Si tan solo estuviera la abuela o papá en su lugar...

Evaporo esa imagen en mi casa. Es mejor no invocar el mal augurio. Está sorpresa es suficiente.

Los ojos del abuelo caen en mí.

—¿Puedes tomarte un tiempo libre, princesa?

Lancé un mirada a los chicos pidiendo permiso en silencio. Robert y Mason asiente con Bell mostrando su pulgar arriba. Regreso a mi abuelo, asiento con una sonrisa nerviosa.

—Esta bien.

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⏰ Última actualización: Jan 08, 2023 ⏰

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