Capitulo 1

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Planeta Coruscant.

Días más tarde luego de la batalla que sucedió en el borde exterior bajo los cielos interminables de Coruscant, el corazón palpitante de la galaxia.

El Palacio Imperial, antaño el Templo Jedi, conservaba su imponente figura piramidal como un eco distorsionado de su pasado. En su interior aún se alzaban las antiguas torres del Consejo Jedi, ahora profanadas por el dominio del Imperio. Tras su expansión, el complejo albergaba también una vasta plataforma de aterrizaje capaz de recibir destructores estelares, y en el centro absoluto de aquella colosal estructura se erguía la Sala del Trono, núcleo del poder y la oscuridad que gobernaba la galaxia.

La Sala del Trono, ubicada en la aguja central superior de la estructura, era un recinto tenuemente iluminado. Amplias ventanas se abrían hacia la ciudad interminable, permitiendo que las luces de Coruscant se filtraran como un mar distante. Un ventanal prismático dominaba el espacio, diseñado para magnificar la figura del Emperador y proyectarla como algo más que un ser mortal.

Los adornos eran escasos y sutiles, cuidadosamente elegidos para contrastar con la inmensidad de su poder; una sobriedad calculada que hacía del silencio y la penumbra sus mayores ornamentos.

En el centro de la sala, justo frente al ventanal prismático, se alzaba el trono negro del Emperador, inmóvil y dominante, como el eje alrededor del cual giraba toda la galaxia.

Sentado en el trono se encontraba el Emperador Palpatine, el Lord Sith Darth Sidious. Su presencia dominaba la sala incluso en la quietud, como una sombra que no necesitaba moverse para infundir temor.

A ambos lados del trono, y distribuidos por el resto del recinto, numerosos guardias carmesí permanecían inmóviles, formando un círculo silencioso de lealtad absoluta y amenaza latente.

De repente, la compuerta principal se abrió con un eco profundo, y de su interior surgieron varias figuras envueltas en sombras, los Inquisidores.

Todos se arrodillaron ante el emperador sith, con el Gran Inquisidor al frente, inclinando la cabeza en un gesto de obediencia absoluta.

-"Gran Inquisidor....me has decepcionado." El emperador hablo y no estaba conforme.

La voz que emergió de Sidious era demoníaca, rasposa y siniestra, cargada de un veneno antiguo que parecía arrastrarse por cada rincón de la sala. Incluso en el silencio posterior, sus palabras continuaron pesando como una condena.

-"Te pedí resultados, y a cambio me traes incompetencia." La voz furiosa del Emperador se filtró por los oídos de todos los presentes, cargada de ira contenida y desprecio absoluto.

Al pronunciar la sentencia, Sidious golpeó con fuerza el apoyabrazos de su trono, y el eco del impacto resonó por la sala como un recordatorio de que su paciencia era tan limitada como letal.

El Cuarto Hermano se puso de pie y dio un paso al frente, intentando acercarse al Emperador.

-"Mi lord, el Jedi resu-ugh?!"

No pudo terminar. Un sonido ahogado escapó de su garganta cuando una fuerza invisible comenzó a apretarla con violencia. Su cuerpo se tensó al instante, las manos llevándose inútilmente al cuello, mientras era alzado del suelo por un poder que no necesitaba ser visto para ser comprendido.

Entonces, un aura gélida surgió de la nada y dominó por completo el entorno. El aire mismo pareció volverse pesado, hostil, como si la vida retrocediera ante aquello que acababa de manifestarse.

La quietud fue rota por una respiración mecánica y entrecortada, rítmica e ineludible. Cada exhalación resonaba como un presagio, anunciando la llegada de una voluntad implacable cuya sola presencia bastaba para infundir terror incluso entre los servidores del Lado Oscuro.

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⏰ Última actualización: Jan 14 ⏰

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