No se lo he dicho, pero para mí no existe un beso más íntimo que ese. Es tierno, protector, cálido... me calma de una forma que nadie más logra. Es casi mágico. Y sus abrazos ni hablar: cuando me rodea con los brazos, siento que el mundo se reduce a él, que todo encaja, que nada malo puede alcanzarme.
Melissa Ackerman, El Trato Perfecto